DECA DANCE

Decadance (2017, Pathos de café), de Norma Flores Allende, una posición política y poética ante la miseria asuncena y el origen de ella: el odio hacia los pobres.

Se trata de un poemario que es la otra parte de un libro en conjunto con Fernando Colmán, quien nos entrega Zona de maniobras, sobre la que escribiré en otro momento.
Decadance, con una estética admirable, es -para mi gusto- uno de los mejores libro-objetos de producción local que he tenido en las manos. Haciendo uso de diferentes tipografías, el libro despliega un lenguaje poético que se envuelve con el político, con el lenguaje de odio, de discriminación, de súplica.
Posibles títulos de noticieros o diarios presentan la realidad nacional con toda la parcialidad a la que ya nos tienen acostumbrados los medios. Clamores y pedidos de auxilio porque hay un familiar enfermo, porque hay hambre, porque hay sed. Historias de miserias que habitan semáforos y calles nocturnas, y que son rutina en la ciudad.
Opiniones contra los pobres sacadas de redes sociales y de boca de los pequeños burgueses de la capital.
Barrios pequeño-burgueses. Hoteles de cinco estrellas y baches que decoran el camino que una camioneta blindada hace todos los días sin bajar la ventanilla y no encontrarse así con los ojos de la necesidad. Los que van dentro, sin embargo, no sueltan la palabra Biblia, así como tampoco sueltan la palabra Haraganes.
Norma rescata todos los colores grises y tristes de la ciudad. Fotografía con palabras, con un lenguaje que abarca a todos, a todas, en un libro breve pero impactante. Un libro que confronta y se posiciona políticamente.
No se olvida de los inversionistas extranjeros y de las mentiras de la soja. No se olvida de los trans ni de sus muertes, de aquellas mujeres que aparecen envueltas en bolsas en los basurales de la gran ciudad, que a esta altura resultan lo mismo: ciudad-basural.
No se olvida de las lluvias y los raudales en los que los asuncenos ocultan sus lágrimas de miserias, soledades y abandonos. Porque habitar Asunción es habitar el abandono casi siempre, demasiadas veces. Quizás habitar este país es, de hecho, lo mismo.
Norma no se olvida de las mujeres, de las madres, de las santas, de las pecadoras, de las que luchan. Retoma los versos de la poeta que combate con palabras y con su vida, y repite: ser pobre y ser mujer.
No se olvida de la Iglesia que condena y no perdona al pobre por ser pobre y por tener sed y tener hambre. No se olvida de las que dan a luz y mueren en ese acto milagroso porque en esta tierra que nació de nuevo por ellas no hay ambulancias que las rescaten.
No se olvida de la muerte ni de la salud ausente ni de la enfermedad eterna que carcome la mente, que crea pesadillas terribles que resultan historias reales, historias de noticieros amarillistas.
Norma no se olvida de decir, fuerte y claro, de qué color es para ella la muerte, de qué color es el verdugo que nos tiene condenados hace tantos tantos años, aunque algunos dirán que eso, tal vez, no es poesía.
Decadance, un baile en la decadencia, un baile decadente en la Asunción capital, en la Asunción sobre la que brilla un sol que agoniza, en la Asunción sobre la que brilla una luna cómplice que siempre encuentra una agua servida en la que reflejarse.
Decadance a través de los ojos de una poeta que milita la poesía en el frente. 

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